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Infotec en los medios

Ética y tecnología

Fuente: Crónica.com.mx | Publicado: 08/07/2017

Por: Federico César Lefranc Weegan

 

Hoy la tecnología está presente en las más diversas formas en nuestras vidas. Por una parte, encontramos en ella un apoyo indiscutible, y por otra nos provoca estados de ansiedad que hace una generación eran desconocidos. Estos estados de ansiedad son reforzados por los propios medios tecnológicos que los provocan en un ciclo del que pareciera que no tenemos escapatoria. Mida el lector cuánto tiempo es capaz de dejar pasar sin verificar si su último whats ha sido ya leído, o ¿suele apagar su celular para dormir?

El desarrollo tecnológico es imparable, de modo que podemos prever que éstos serán nuestros escenarios por largo tiempo. Esto que parecería afectarnos tan sólo individualmente y en aspectos casi insignificantes de nuestra cotidianidad, en realidad es uno de los rasgos característicos de nuestra sociedad actual y tiene consecuencias en todas las dimensiones de la existencia humana. Esta característica de un desarrollo continuo de la tecnología, que parece apabullarnos, se expresa en un imperativo ético que dice:

En materia de ciencia y tecnología todo lo que sea posible hacer, será hecho. Independientemente de nuestras convicciones éticas, religiosas o jurídicas.

Se trata del imperativo tecnológico, a partir del cual parecemos condenados a desarrollar y a perfeccionar sin parar los artefactos que nosotros mismos ideamos y fabricamos. Y a la vez a aceptar las consecuencias positivas y negativas de este desarrollo que entendemos como inevitable.

La biología nos impuso desde nuestro surgimiento como especie, y le impone a cada quien desde su nacimiento individual, el imperativo de alterarla para sobrevivir. Alterar la biología significa crear o destruir.

Entonces el ser humano debe conciliar permanentemente su terrible capacidad destructiva con su inmensa capacidad de creación.

Ahora bien, hay que ser conscientes de que la toma de una decisión ética, implícita o explícita, precede siempre a la postura del tecnólogo o del científico cuando inicia un proyecto, pero que la postura ética individual del investigador, el apego a sus valores personales por ejemplo, terminará colisionando con el imperativo tecnológico cuando su investigación se socialice, de modo que, si no se hace un esfuerzo deliberado por sostener la postura ética inicial, prevalecerán los aspectos técnicos, aparentemente impersonales, sobre las valoraciones individuales. Esto explica porque de una u otra forma todo lo que sea posible hacer, será hecho y ni las leyes ni la moral ni las religiones tienen los elementos para oponerse eficazmente a ello.

El perfeccionamiento de los artefactos sigue su propio desarrollo, independiente de la vida y de la voluntad del ser individual, porque de ello se ocupan generaciones de individuos colectivamente.

Por ello habrá una tensión permanente entre ese desarrollo que parece autónomo y la necesidad de algunos individuos, e incluso de algunos colectivos, de asignarle fines. O al menos de no sentirse dominados por ella.1
En el espacio de la técnica suelen confundirse utilidad, perfección, bondad y aprecio. Así, la perfección de un aparato puede llegar a concebirse como un valor, el riesgo es que dejemos de ver que atrás de ese aparato hay seres humanos.

Si consideramos el impacto actual de la ciencia y de la técnica sobre la sociedad, esa postura ética inicial contribuirá a definir profundamente la manera en la que nos relacionamos. Es posible que debamos cuestionar ese desarrollo aparentemente ciego de la tecnología, y se trata en lo inmediato y en lo futuro, de poner de relieve por qué motivos una reflexión ética inicial es cada vez más necesaria tratándose del desarrollo tecnológico. Esta misma reflexión podría revelar la posibilidad de generar una ciencia y una tecnología en permanente cuidado del ser humano y del entorno que compartimos con el universo.

¿De qué manera resolver entonces el dilema al que nos enfrenta este imperativo? Debemos saber que los hechos únicamente se pueden modificar con hechos, y que ése es el ámbito de la tecnología.

Es inevitable el desarrollo de la tecnología, lo que no es inevitable es su sentido. Únicamente la tecnología puede poner límites a los usos que se le da a la tecnología misma. Las religiones más difundidas, las leyes más ambiciosas, las doctrinas más bienintencionadas, los documentos jurídicos mejor elaborados están condenados al fracaso por su imposibilidad de impactar sobre la realidad técnica.

¿Qué podemos hacer si únicamente los hechos se pueden oponer a los hechos? Precisamente pensar en términos de una tecnología que permita confrontar, neutralizar y compensar los efectos producidos por la tecnología misma, aceptando que tal vez, sólo la técnica se puede oponer realmente a la técnica y que es en esa decisión ética inicial al momento de dotar de sentido a una creación tecnológica, cuando podría estar presente esa postura ética consciente y profundamente reflexionada que pusiera la técnica al servicio del ser humano.

Federico César Lefranc Weegan

Investigador de Infotec Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación.

 

Fuente: Crónica.com.mx

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