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Desde Infotec

La etnografía en el estudio del uso y apropiación de las TIC en contextos indígenas en México

Por: Dra. Dulce Angélica Gómez Navarro. CONACYT - INFOTEC

 

Hoy en día, la sociedad del conocimiento está modificando las formas de organización social, impactando en la vida cotidiana de las personas, al mismo tiempo que produce nuevos procesos de exclusión tecnológica. Así, desde 2011 la ONU reconoce el derecho a acceso internet como un derecho humano, con la finalidad de disminuir la brecha digital que afecta a las poblaciones y potenciar el uso de TIC para el desarrollo.

La brecha digital se refiere a la distancia que existe entre personas en el acceso y uso de las TIC, en términos económicos, sociales y políticos (Sandoval-Forero, 2013) y la brecha cognitiva se explica como aquellos conocimientos y habilidades digitales necesarias para hacer uso de las TIC.

La brecha digital en la población indígena en México

En México, según la Asociación Mexicana de Internet, en 2016 había una población internauta de 73 millones (Asociación de Internet.mx, 2017), donde prevalecen las zonas urbanas como las más beneficiadas, el sur del país como la región menos conectada (con excepción de puntos turísticos), y los jóvenes como el grupo que tiene una mayor navegación.

De esta forma, reducir las brechas que afectan en lo particular a comunidades indígenas de México, sigue siendo una tarea pendiente pues lo digital se instala como una desigualad más (Alva de la Selva, 2015). Especialmente porque no hay fuentes de información para conocer cuáles son las características de esta brecha en regiones rurales e indígenas pues las encuestas nacionales como la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de TIC en los Hogares (ENDUTIH), sólo incluye a las ciudades.

En México existen 68 pueblos indígenas y 25,694,928 personas que se autoreconocen como indígenas y/o afrodescendientes (INEGI, 2016), concentradas en su mayoría en los estados con mayores carencias: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Puebla. De esta forma, no es casualidad que estas poblaciones formen parte de la estadística de pobreza del país del 43.2% y 7.6% en pobreza extrema (CONEVAL, 2017) y que evidencian las dificultades que tienen las familias indígenas para subsistir en regiones con altos niveles de desempleo, alta precarización del campo (que consiste en su actividad económica principal), servicios deficientes de vivienda, salud, educación, entre otros problemas que evidencian su histórica marginación.

Desde hace más de veinte años el gobierno mexicano ha emprendido distintos programas en materia de inclusión digital. En la actualidad, el proyecto "México Conectado", tiene como objetivo: “profundizar la Campaña Nacional de Inclusión Digital con especial énfasis en personas de origen indígena, adultos mayores, personas con discapacidad y grupos en situación de marginación y pobreza extrema (Gobierno de la República, 2013:28). Sin embargo, estos esfuerzos no alcanzan a hacer frente a un problema más amplio.

En las localidades indígenas el rezago tecnológico es diverso y se manifiesta de diversas maneras, dependiendo de las condiciones locales: por ejemplo, la carencia económica se observa desde la imposibilidad de comprar un celular o se cuenta con él, pero no se usa porque "no tiene crédito" o "no tiene datos para conectarse a internet".

La falta de infraestructura tecnológica es una constante; en algunas comunidades no hay señal de teléfono, en otras "el internet no llega o está saturado", debido a que las empresas de telecomunicaciones no ven rentable la inversión y los gobiernos (federal, estatal y municipal) no cuenta con la inversión requerida y/o no tiene voluntad política para exigir el servicio en las zonas rurales, lo que limita la conectividad a la población. Asimismo, la brecha generacional y de género impacta fuertemente estos sectores.

Algunas de las problemáticas que se identifican en las escuelas indígenas son: la carencia de equipos actualizados, la subutilización de los espacios de cómputo, la presencia de actitudes negativas por parte de los profesores y autoridades locales frente a la adopción de las TIC pues no hay disposición a enseñar en el uso de las TIC debido a los imaginarios y creencias que se activan, o bien porque no se le encuentra el beneficio y hay una falta generalizada de programas de capacitación docente (Tinajero, 2015).

A pesar de este rezago tecnológico en el que se encuentran la mayoría de las comunidades indígenas, las personas van encontrando los caminos para acceder a ella y formulan sus propias estrategias según la disponibilidad. En el caso de acceso a internet, hay un incremento en la compra de smartphones y adquisición de datos 3G/4G de telefonía celular en zonas rurales (el celular es el medio en el que la mayoría de los y las mexicanas se conectan según la Asociación de Internet.mx 2017), además que los cibercafés y ciertos espacios públicos y/o educativos que cuentan con equipo y conectividad (aunque de mala calidad), sirven como nodos de conexión. En este sentido, las y los usuarios de distintos grupos de edad y según las condiciones económicas y tecnológicas locales, se van apropiando de las TIC (internet y los dispositivos de comunicación), haciendo diversos usos conforme a sus contextos locales y a sus posibilidades económicas, principalmente.

La etnografía como método en el estudio de la apropiación social de TIC

En este entorno global de creciente digitalización y adopción de la tecnología, la antropología social estudia el desarrollo tecnológico como una construcción social, donde las TIC representan artefactos culturales que fungen una función práctica y simbólica en la vida de las personas, asociados a procesos económicos, culturales, sociales y políticos más amplios, generando así nuevos entornos de interacción social. Para Crovi (2008), los procesos de apropiación a su vez, implican el dominio de las TIC como un objeto cultural, las intenciones de su uso, los sistemas de motivaciones - creencias, y los sentidos de pertenencia cultural del grupo social.

En el estudio de la apropiación social de TIC, -entendida como un fenómeno social complejo-, surge la utilidad de la etnografía para caracterizar los usos de TIC y sus efectos en la vida cotidiana, así como analizar los factores que facilitan u obstaculizan la apropiación social desde un enfoque multidimensional y contextual.

La etnografía es un método de investigación utilizado en la antropología que permite comprender significados y "reglas de acción social" (Velasco y Díaz de Rada, 1997:91).

El valor del trabajo etnográfico consiste en reconocer lo genérico que se expresa en cada caso y lo particular de esa realidad, tratando de "comprender el funcionamiento o la estructura el conjunto social y cultural que es el objeto de su estudio" (Caratini, 2013:109) y entrecruzando la perspectiva emic que es “la mirada que tienen los mismos actores sobre aspectos de su propia vida social” (Restrepo, 2016:27), y la perspectiva etic, que responde a la mirada desde fuera, es que la reconstruye el o la etnógrafa.

La etnografía trata de comprender la práctica y los significados que los actores le otorgan a cierto fenómeno social, es decir, se trata de descubrir aquello que los actores dicen que hacen (discursos), hacen (prácticas) y deberían hacer (valores culturales) (Restrepo, 2016).

El trabajo de campo consiste en una inmersión cultural (que requiere de un tiempo amplio para lograr lazos de confianza) por parte del investigador(a) donde se emplean distintas técnicas de recolección de datos tales como entrevistas a profundidad o semiestructuradas, diarios de campo donde se integra la reflexividad en el proceso de investigación, conversaciones etnográficas, grupos focales, observaciones participantes en escenarios y/o actividades educativas, y etnografía virtual, entre otros.

La etnografía virtual o netetnography es una herramienta novedosa que se ha empleado en investigaciones cualitativas desde los años 90 en Estados Unidos. Consiste en realizar observación participante en cualquier plataforma virtual como pueden ser grupos de Facebook o WhatsApp, con el propósito de conocer los significados e interacciones entre grupos. La vida online permite hacer análisis de discurso de grupos que se integra en estudios donde se utilizan metodologías mixtas: “Netnographies can stand alone or be combined with other research methods on online communities, including off-line member interaction” (Costello, McDermott y Wallac, 2017:9).

Este abanico de técnicas que permiten la obtención de información de manera amplia y complementaria, busca la "triangulación metodológica" (Taylor y Bodgan, 1987) donde los espacios online y offline se entrecruzan y posibilitan reconocer los nuevos entornos sociales que están detonando el uso de TIC.

Finalmente, la escritura etnográfica constituye una importante fase de la investigación, que consiste en la sistematización y el análisis de los datos empíricos, arrojando una serie de resultados con perspectiva antropológica que además de contribuir a la generación de conocimiento que demanda el entendimiento de la era digital y posibilita la caracterización de la brecha digital indígena y la identificación de las estrategias que pone en práctica la población en sus procesos de adopción tecnológica; permite delinear aspectos de mejora y plantear recomendaciones de política pública especialmente dirigida a las poblaciones indígenas.

 

Referencias bibliográficas:

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